miércoles, 5 de abril de 2017

Col·laboradors


La migraña

Un común y simple dolor de cabeza no está considerado como una afección importante, sin embargo cuando se trata de una cefalea de carácter recurrente, en la que cada crisis puede durar entre 3 y 60 horas, cuando el dolor se localiza en uno o ambos lados de la cabeza, es cuando estamos hablando de la temible migraña. En estos casos, lo usual es que este dolor sea intenso, que tenga una connotación pulsátil o sincronizado con el ritmo cardíaco, que se acompañe de náuseas vómitos y fotofobia.

Oficialmente, la migraña afecta entre el 12 y el 16% de los europeos; en España tenemos 5 millones de personas afectadas por la migraña, de las cuales tres cuartas partes son mujeres.  Cabe reseñar, que al contrario de lo que podría parecer con los avances médicos actuales, la prevalencia de la migraña ha aumentado, en prácticamente todos los continentes, en torno a 2 puntos en la última década, hasta llegar a este 16%.

Estamos hablando de una enfermedad altamente discapacitante, como define la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la sitúa como la 12ª mayor causa de discapacidad en el mundo entre la población femenina y la 19ª en total. En ello se basan los expertos sobre el tema, cuando reclaman desde hace tiempo mayores inversiones en investigación sobre esa enfermedad, considerando la actual inversión como ridícula.

Se cree actualmente, que el origen de esta enfermedad pueda ser multifactorial, si bien históricamente se ha venido vinculando la causa a distintos desórdenes hormonales, cuando ahora se apunta a factores alimentarios y posiblemente genéticos.
Se tiene por cierto, que el origen puede estar en una deficiencia enzimática y en este sentido, puede que tenga incidencia en ello las intolerancias. Hay medicamentos usados contra la migraña que se centran en inhibir una enzima, cuyo déficit se sabe es causante de la enfermedad.

Como consejo casero para las personas que se saben afectadas y que intuyen cuando se les avecina una crisis, es recomendable ingerir alimentos muy salados, ejercer una compresión continuada sobre las arterias temporales superficiales, relajarse aislándose en ambientes silenciosos y oscuros. En estas circunstancias, es recomendable evitar el ejercicio físico, puesto que puede agravar la intensidad de la crisis que se avecina. 

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