lunes, 23 de enero de 2017

El Confidente


Votando contra la decepción

La era Trump ha comenzado, aunque ni los más osados se atreven a pronosticar qué nos deparará. Y empleo “nos“, consciente de que las previstas astracanadas del nuevo presidente (que puede haberlas), nos pueden afectar a todos en mayor o menor medida.

El día de toma de posesión de Trump, la cara de Obama hablaba sin pronunciar una sola palabra: su enfado era monumental, claro que, con la ley en la mano no podía hacer otra cosa que aguantarse.

Que la candidata que presentaba el partido Demócrata, no era precisamente una joya de candidatura, quedaba fuera de toda duda y hasta puede que apartada ya del poder, se acaben publicando asuntos no demasiado agradables para los Clinton. Sea como fuere, en estas elecciones la principal baza del partido Demócrata, casi podríamos decir que estaba escrita en una sola frase: el candidato del partido Republicano, es un bocazas impresentable. Pero ese no fue suficiente argumento de peso, ya que los electores tuvieron a bien añadir en el platillo de la balanza, los errores de Obama, quien pareció demostrar cierta confianza, en los fallos de memoria del electorado, esperanza que se ha visto truncada con los resultados, en las elecciones presidencialistas, cuales son las de ese país.
No creo exagerar, si digo que Obama es hasta el momento, el presidente estadounidense de la era moderna que ha despertado más esperanzas entre sus ciudadanos.

En primer lugar, hay que decir que rescató la economía del país, dejando una tasa de paro de 4,6%, cuando todo el mundo pensaba que entrarían en una segunda recesión, pero también es cierto que los sueldos se han estancado y en la mayoría de casos han bajado en los nuevos contratos. Esta recuperación la hizo remando contra corriente; mientras en Europa se hacía una política de recortar primero para crecer después, Obama ha seguido el camino totalmente opuesto, aunque ello haya conllevado triplicar la deuda del país, aumentándola en más de 5 billones de dólares.

El ex presidente de EE.UU. llegó a la Casa Blanca con una buena carga de esperanzas bajo el brazo: la promesa del cierre de Guantánamo nunca llegó, es más, hace cinco años la propia Casa Blanca, admitió no tener ninguna evidencia de culpabilidad sobre un centenar de presos, aprobando su liberación. Después Obama consideró que pertenecían a países donde Al Qaeda sigue activa y se negó a liberarlos, en resumen, de los 166 presos que aún quedaban, sólo liberó a 2, pero Guantánamo no se ha cerrado. 

Obama ha presumido hasta el último momento de su reforma sanitaria, el “Obamacare”, según la cual ahora tienen sanidad 22 millones de americanos. Lo que ocurre, es que esta reforma sanitaria ha venido a ser mucho más modesta de lo que inicialmente se prometió, tanto es así que ni se parece al proyecto inicial. El eje principal de esta ley, era la obligación de todo estadounidense, de tener un seguro médico a partir del 1 de abril de 2014. Una cuestión que aparte de tropezar con algunos problemas administrativos no menores, se encontraron con que la citada reforma incrementaba las cuotas sanitarias con una media del 29%.  Es decir, un presidente que se dice de izquierdas y lo que hace en cierta manera es obligar a estos 22 millones de usuarios a tener y a pagar un seguro médico (aunque quienes justifiquen que no pueden pagarlo, el Estado les da una subvención para ello). Algo que puede ser visto, como un incrementar por la vía de la obligación, el número de clientes de las aseguradoras en nada menos que 22 millones de usuarios más.

Es cierto, que nada más llegar a la presidencia, se le concedió el Premio Nobel de la Paz, supongo que como alguien ha apuntado, se lo dieron de forma “preventiva”, porque lo cierto es que no ha conseguido pacificar la zona de Oriente Medio, sino que la ha incendiado aún más; véase la gran cantidad de migrantes procedentes de esa zona que llegan a Europa.

Hilary, la candidata Demócrata en campaña electoral, clamaba contra Trump, porque anunció su intención de construir una valla en la frontera con México y la voluntad de deportar a los inmigrantes ilegales. Lo cierto es, que el marido de la candidata, es decir Clinton, construyó siendo presidente 1.000 km de valla. Y Obama batió el récord de deportaciones con 2.600.000 personas.

Hay quien ha escrito, que la actitud de Obama le parecía propia de un joven antiimperialista con poca formación, cuando era nada menos que el presidente del país que hoy día más se parece a un imperio, sin tener en cuenta siquiera el papel que desempeña su país en el mundo.
No resulta tan extraño, que en EE.UU. se le tenga a Obama en no pocas ocasiones, como a un antiamericano.

En definitiva, creo que la fuerza de Trump no fue sino la debilidad de Obama, aun cuando este no se presentara a las elecciones, con lo cual podríamos inferir, que Trump supo leer la debilidad de su oponente.

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