miércoles, 26 de octubre de 2016

Diario de a bordo


Una radicalidad compartida 

La deriva del PSOE comenzó con Rodríguez Zapatero, cuando se convenció de que las propuestas políticas serias de su partido, coincidían en gran manera con las de su adversario, el PP.
A mí entender, Zapatero no es tan necio como nos quieren hacer ver: el pudo consultar el Tratado de Maastricht, firmado en 1992 y que sirve de base para fundar la Unión Europea. Si se lo leyó, se pudo dar cuenta de cómo en el fondo, no es más que un programa o proyecto político de “derechas”, como le gusta decir a él. ¿Y cómo torear en una plaza entera de “derechas”, con un capote de “izquierdas”? No es una “faena” sencilla y él fue muy consciente de ello. Entonces ¿Cómo hilar un proyecto político propio de “izquierdas” –aunque sea un falacia-, diferenciado de la “derecha”?
La única solución que encontró a la vista de los acontecimientos, fue la de radicalizar sus propuestas poniendo cínicamente cara de convencido. Era su forma de conseguir votos hoy y problemas para mañana; pero los problemas del mañana le llegarían a otro, no a él.

Durante ocho años, Zapatero tuvo tiempo de escribir en la mente de sus militantes y votantes su propuesta: radicalizarse como sea para diferenciarse del PP.

Pedro Sánchez se postuló para la Secretaria General retomando el programa-propuesta de Zapatero. Dicen que cuando llegó Zapatero a la Secretaría General, el partido tenía 400.000 militantes, de los cuales 200.000 se dieron de baja con la gestión zapateril. Pero es que con los dos años de Sánchez ha perdido otros 83.000 militantes más. Bueno pues mire, blanco y en botella.

La deriva del PSOE se empezó a vislumbrar con el apoyo de Zapatero al menguado Estatuto de Cataluña y tal como lo pudimos ver todos, también pudo verlo Pablo Iglesias, un ególatra oportunista en busca de sillón bien pagado. Iglesias ante la deriva socialista y las protestas del 15-M, intuyó acertadamente, que gran parte del voto previamente radicalizado por Zapatero, podría caer en una cesta a la que llamó Podemos; la segunda parte del plan, era conseguir un pacto de gobierno entre Podemos y PSOE, con el que dar el zarpazo político para conseguir el poder, pero también para eliminar electoralmente a su aliado PSOE.

La actual rebelión que estamos viendo dentro del PSOE, augura que la radicalidad aún sigue ampliamente instalada entre sus votantes, al igual que entre sus militantes. El enfrentamiento no parece que vaya a atemperarse, al menos a corto plazo. A lo que sí parece decidido un sector importante del partido últimamente, es a romper con la radicalidad, o con la falacia en la interpretación de la realidad política. Pero realizar esta tarea les puede llevar años, dado que en este mismo momento no hay un PSOE sino varios.

Para concluir diré, que no creo que Zapatero sea el único responsable de tanta destrucción vía radicalización, sino que los votantes y militantes, también tienen su parte alícuota de responsabilidad en ello. ¡Atentos, votantes y militantes!

Mijail

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