jueves, 2 de octubre de 2008

(01 oct 2008) El confidente

Las consecuencias de una guerra





















Hace siete años, Bush explicó a los estadounidenses, que atacar Irak estaba justificado y era necesario, porque Saddam poseía armas nucleares, químicas y bacteriológicas; unas armas que sin duda emplearía Irak para atacarles. Después hemos sabido que Irak no poseía ninguna de tales armas, pero es que además, si las hubiera tenido en ningún momento podría haber atacado a EEUU con ellas. Es en definitiva, una guerra justificada (como la mayoría) con un gran engaño colectivo.

Las consecuencias negativas que han padecido los estadounidenses a causa de esta guerra son incuestionables: más de 4.200 soldados han muerto en Irak y las cifras reales de heridos que se barajan rondan los 400.000 (oficialmente 20.000). Según una ONG, los iraquíes muertos a mes de marzo eran unos 78.000.

A estas alturas las fuerzas armadas de EEUU, ya dicen tener escasez de recursos humanos y los graduados de West Point, abandonan el ejército en masa, con lo cual, éste se ve obligado a buscar soldados entre los sectores más humildes.

La ocupación de Irak, supone una intervención más larga que la que se dio en la Segunda Guerra Mundial y ya les está costando más dinero que toda la guerra de Vietnam; se calcula que cada minuto les cuesta, casi medio millón de dólares. Para poder sufragar esta guerra se han endeudado con otros países por valor de tres billones de dólares. Además han contraído una deuda interior que supone el 70% del PIB y todo ello está empeorando mucho el nivel de vida de los estadounidenses.

A esta detracción de recursos económicos hay que sumar ahora, la bancarrota de varios bancos y financieras hipotecarias, que tienen que ser nacionalizadas en sus déficits, aumentando aún más la factura que tienen que pagar los ciudadanos. A nadie puede escapar, que mucho movimiento inmobiliario supone unos grandes ingresos vía impuestos y por tanto, la necesidad acuciante de recaudar, merma la vigilancia de la Reserva Federal.

Las empresas reducen plantillas y despiden a cantidades ingentes de trabajadores. La industria automovilística pasa por serios apuros al igual que el sector de la construcción.

Se calcula que realmente existen 13,5 millones de parados (oficialmente sólo son 8 millones; el 6,1%). Como consecuencia, muchos propietarios de viviendas hipotecadas, no han podido atender el pago mensual de sus cuotas y hasta tres millones de titulares de créditos acabarán viéndose ante la ejecución hipotecaria.

La estadística dice que en este momento, 37 millones de personas están ya en el umbral de la pobreza, pero es que además, la atención sanitaria ya no cubre a 47 millones de ciudadanos.
El precio del barril de petróleo estaba a 25 dólares cuando comenzó la guerra de Irak, como consecuencia de la contienda y de efectos colaterales subió hasta llegar a los 150 dólares.

Con todo este panorama, a Bush sólo se le ocurre pedir un acuerdo de estado mediante el cual, la factura de las pérdidas la acaben pagando sus conciudadanos. Llama la atención que durante años, los especuladores han obtenido muchos beneficios, sin repartir nada y ahora, cuando las últimas inversiones temerarias han fallado, se pretenda pasar la factura a los ciudadanos para no perder nada.

Ante esta guerra, justificada y fundada en una gran mentira, uno se puede preguntar (y quizás el pueblo estadounidense, debería hacerlo): ¿Para qué se hizo esta guerra? ¿Fue para ahorcar a Saddam Husein, que primero fue secuaz de EEUU en la zona (guerra contra Irán en 1980-88) y después les dio la espalda? ¿Qué ha ganado realmente, el pueblo estadounidense con esta guerra? Y la pregunta del millón: ¿Quién ha ganado con la situación?

No sabemos si estas preguntas algún día serán contestadas, pero esta crisis, que acabará afectando a todos, puede ser un buen punto de reflexión para cualquier ciudadano que decida pensar por sí mismo.

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